La cirugía se impone al TAVI en pacientes con válvula aórtica bicúspide

Un estudio internacional liderado por investigadores del Hospital Clínico San Carlos concluye que la cirugía sigue ofreciendo mejores resultados que el implante percutáneo de válvula aórtica (TAVI) en determinados pacientes con estenosis aórtica y válvula bicúspide, una malformación congénita presente en entre el 1 % y el 2 % de la población. Aunque ambas técnicas presentan una supervivencia similar durante el primer año, el TAVI se asocia a un mayor riesgo de ictus y de problemas de funcionamiento de la prótesis en los años posteriores. Los resultados se han publicado en el Journal of the American Heart Association.

La válvula aórtica bicúspide es la anomalía congénita cardiovascular más frecuente. A diferencia de una válvula normal, formada por tres valvas, estas personas nacen con solo dos, una alteración que favorece la aparición precoz de estenosis aórtica y suele requerir el reemplazo de la válvula a edades más tempranas. Sin embargo, este tipo de pacientes ha estado tradicionalmente infrarrepresentado en los grandes ensayos clínicos sobre TAVI, por lo que existían pocas evidencias para decidir cuál era el tratamiento más adecuado.

Principales resultados del estudio

El trabajo analizó la evolución de 997 pacientes mayores de 65 años tratados en 13 hospitales europeos y sudamericanos, los cuales el 46,1% fueron tratados mediante TAVI y el 53,9 % fueron tratados mediante cirugía de sustitución valvular aórtica (SAVR). Tras igualar las características de ambos grupos para realizar una comparación más precisa, los investigadores comprobaron que, al cabo de un año, la mortalidad (que fue del 4,3 % y el 5,0 % respectivamente) y los reingresos hospitalarios eran similares entre quienes recibieron un TAVI y quienes fueron intervenidos mediante cirugía.

No obstante, el seguimiento reveló diferencias importantes. A los dos años, los pacientes tratados con TAVI presentaban un riesgo tres veces mayor de sufrir un ictus incapacitante y más de cuatro veces superior de desarrollar una disfunción de la válvula implantada. Además, fue mucho más frecuente que necesitaran un marcapasos permanente tras el procedimiento.

Los autores subrayan que estos resultados no cuestionan el papel del TAVI, una técnica menos invasiva que ha transformado el tratamiento de la estenosis aórtica, sino que ponen de manifiesto que los pacientes con válvula bicúspide constituyen un grupo con características anatómicas especiales que requiere una evaluación individualizada. Hasta que nuevos ensayos clínicos aporten más evidencia, la cirugía podría seguir siendo la opción de referencia para muchos pacientes con bajo o moderado riesgo quirúrgico.

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